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La presencia de la guerrilla colombiana en territorio venezolano no es un asunto nuevo. Desde hace mucho tiempo hay evidencias de utilización indebida de territorio venezolano y de otros países fronterizos por parte de las guerrillas colombianas.
Las propias guerrillas han dicho públicamente que no realizan operaciones militares pero admiten el uso del territorio, lo cual es tan grave como arbitrario. Las pruebas que presentó el gobierno en la OEA son, en esencia, las mismas que tenía Uribe desde que inicio su mandato. Y aún así, Uribe invitó a Chávez a una facilitación para la liberación de personas secuestradas que, posteriormente retiró de manera abrupta. Es evidente que la intención de Uribe es sabotear los acercamientos del electo presidente Santos con el gobierno de Venezuela para una eventual normalización de las relaciones entre ambos países. Uribe no está de acuerdo con algunas medidas que viene anunciando el nuevo gobierno en política internacional (“diplomacia meliflua y babosa”) y no se va a quedar con los brazos cruzados. Por el contrario, va a gobernar, a su manera y con su estilo, hasta el 7 de agosto, por lo que se pueden esperar hechos políticos orientados a afectar la gobernabilidad de la
nueva admistración.
La ruptura de relaciones es muy lamentable y peligrosa por
sus consecuencias no sólo económicas (el impacto más negativo ya se vive en la
zona de frontera, sometida a una profunda crisis social y económica).
Cualquier incidente en la frontera podría ser fatal. El
anuncio del Fiscal General de la Nación de demandar a funcionarios del gobierno
de Venezuela ante la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra,
agrava la situación.
Las organizaciones de sociedad civil deben demostrar que los
pueblos son superiores a sus dirigentes y mantener abiertos todos los canales
de comunicación y acción binacional posibles. Además, es necesario reivindicar
el diálogo y los canales diplomáticos como único mecanismo válido para superar
la crisis. Pero mientras persista la guerra irregular que desangra a Colombia,
estos hechos se pueden repetir una y otra vez en el futuro, en detrimento de la
integración andina y regional.
A propósito, ¿a alguien se le puede ocurrir la idea de que
estas fricciones con los países vecinos podría resolverse si en Colombia
retomamos el camino del diálogo y la solución política, y no únicamente
militar, del conflicto armado?
Editorial de CODHES
22 de julio de 2010
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