Lunes 08 de Febrero de 2010
Afrocolombianos desplazados, un drama sin tregua
Thursday, 22 de May de 2008

Image Son la cuarta parte de la población desplazada  y el 98% de ellos viven en la miseria. En la semana de la afrocolombianidad CODHES denuncia la grave situación de los desplazados afrocolombianos.

 

Son la minoría étnica más numerosa entre el grupo de personas en situación de desplazamiento en Colombia y a su vez quienes  viven lo más duro de este drama,  pues azotes como la miseria, violencia y discriminación se han ensañado en su contra. Más de  el 12% de esta población esta sufriendo los impactos del desplazamiento, y 98.3% de los afrocolombianos desplazados viven bajo la línea de pobreza.

  

Un indicador bastante preciso de la situación por la que atraviesan los desplazados afrocolombianos son los resultados de la Encuesta Nacional de Verificación de Población Desplazada, que arrojó datos más que preocupantes como que los afrocolombianos son casi la cuarta parte de la población desplazada en Colombia , 22.5% y que cruzando los datos del más reciente censo de población, realizado en 2005, con las cifras que arroja el Sistema de registro de Población Desplazada SIPOD, del total de personas pertenecientes a esta minoría étnica  que tiene el país, el 12.3%  se encuentran en situación de desplazamiento.

  

Dos municipios colombianos, Tumaco en el departamento de Nariño y Buenaventura, en el Valle, son ejemplo del drama que vive la población afrocolombiana. En  Tumaco la mayoría de los desplazados afrocolombianos se  quejan de que volvieron a  recibir atención humanitaria de emergencia después de seis meses de su desplazamiento y muchos nunca la han recibido.

  

“Yo no he recibido ningún apoyo desde que llegue a Tumaco y no he podido encontrar trabajo- relata Francy ,desplazada de barrio Bajatuma- Mi esposo fue asesinado y ahora  tengo que cuidar a mis cuatro hijos sola. Muchos días dejo de comer. Vivo de la generosidad de mis vecinos”.

  

En Buenaventura la violencia campea por calles y barrios tomados desde hace por lo menos cinco años por una cruenta guerra entre paramilitares y milicias urbanas de las Farc por el control del tráfico de drogas. Los jóvenes son quienes llevan la peor parte.

   

Más del  37% de la población afrocolombiana desplazada es entre 5 y 19  es gravemente impactada  por la violencia y en Buenaventura casi se pudiera decir que hay un etnocidio de jóvenes afrocolombianos. Solo en  2007, 382 personas fueron asesinadas, la mayoría jóvenes, representando una tasa de 111,61 por cada 100,000 habitantes. Cifra escandalosa si se tiene en cuenta que la tasa de homicidios promedio en Colombia es de 38 por cada 100,000 habitantes.

  

También  el número de desapariciones forzadas se disparó en ese municipio el año pasado. 171 desapariciones fueron denunciadas y en el pueblo todo el mundo sabe que los grupos armados ilegales tienen casas de tortura en los barrios de bajamar. Las denuncias involucran también a la Fuerza Pública que, según habitantes de Buenaventura entrevistados por CODHES, abusan constantemente de los jóvenes afrocolombianos.

 

Otro azote contra los  jóvenes en Buenaventura   es el reclutamiento forzado. Los niños son  reclutados desde los 10 años por los  grupos al margen de la ley, y muchas veces ha sido ellos los encargados de poner las bombas contra la comunidad.

 

Datos alarmantes

Los resultados de la Encuesta Nacional de Verificación (ENV) muestran la precaria realidad  que enfrentan los afrocolombianos en situación del desplazamiento. Más que el 48% de los afro-desplazados entrevistados habían dejados de comer entre 4 y 14 desayunos, almuerzos, y/o comidas en la semana que estuvieron entrevistados.

  

En general los Afrocolombianos, pero más aun  más los que se encuentran en situación del desplazamiento, son discriminadas en su acceso al trabajo y se ven obligadas a hacer los trabajos más precarios y mal pagados de la sociedad.

 La ENV reveló que la tasa de informalidad para los afro-desplazados es de 96.4%. Las mujeres afrocolombianas son triplemente  discriminadas – por ser negras, mujeres y por estar desplazadas. Casi todas las afrocolombianas desplazadas tienen trabajos informales (99.1%) y mal remunerados. Más de 50% de las mujeres afro-desplazadas trabajan como empleadas domesticas.  Muchas de estas mujeres – incluyendo las jóvenes – se ven obligadas a trabajar en prostitución por la desesperación de su situación económica. En Buenaventura, por ejemplo, el número de jóvenes, desde los 8 años, trabajando en prostitución esta aumentando, según la ONG local Fundemujer.  

Gan número de familias son sostenidas por madres cabezas de familia, quienes tienen que trabajar largas horas para sostener sus familias. Por lo tanto sus hijos tienen poca supervisión y muchas veces se ven obligadas a trabajar para poder comer, por lo tanto salen del colegio muy temprano.

 

 

Como resultado de la carencia del trabajo digna y la situación desesperada, los afro-desplazados se ven obligadas a trabajar por jornadas  mucho más largas  largas que las ordenadas por la Ley , y la mayoría de ellos no tiene seguridad social. La ENV mostró que más que el 55% de los afro-desplazados trabajan más que el máximo nacional de 48 horas por semana. Esto tiene impactos graves para las familias y el tejido social de las comunidades. También muy alarmante es el hecho de que el 98.3% de los afrocolombianos desplazados viven bajo la línea de pobreza.

 

 

En general los jóvenes afro-desplazados dicen ser discriminados en  los centros educativos – tanto por los estudiantes, como por los profesores – por su color  y por desplazado. Su acceso a la educación, especialmente superior, también es muy limitado. La ENV mostró que el 36.5% de los afrocolombianos que no asistieron a los establecimientos educativos fue porque ellos buscaron cupos por no los podían encontrar.

 

 La seguridad en muchos de los centros educativos donde los afro-desplazados asisten es muy precaria. Según el ENV 42.6% de los afro-desplazados entre 5 y 17 años dijeron que existía inseguridad el las afueras del colegio y 15.3% dijeron que había inseguridad al dentro de los centros.  Por otro lado, los afrocolombianos tienen derechos étnicos-territoriales, que están siendo violados con el desplazamiento. Bajo de la Ley 70 de 1993, 156 títulos colectivos, que comprenden 5.198.967 hectáreas de tierra tituladas, han sido entregados entre 1996 y 2007, beneficiando a 62.640 familias.  

Infortunadamente, estos avances en la legislación han coincidido con un proceso de destierro masivo, que ahonda la brecha entre la norma y la realidad de despojo y violencia de las comunidades. AFRODES y Global Rights, por ejemplo, hizo un análisis de las cifras de personas expulsadas en los 50 municipios donde se encuentran los territorios colectivos de comunidades negras[1]. En este caso, el RUPD con corte a 31 de Septiembre del 2007, registró un total de 252.541 personas expulsadas de estos 50 municipios. Esta cifra representa el 79% de la población afrocolombiana registrada como sujetas de derechos a titulación colectiva.

Este destierro masivo también tiene impactos graves en la cultura, identidad y gobierno antónimo de los afrocolombianos. Si persiste la carencia de programas adecuados para combatir los impactos del desplazamiento es cierto que los afrocolombianos perderán su territorio, lo que significaría la anulación de todo el proceso de  implementación de la Ley 70 de 1993. Así mismo, da cuenta de las pérdidas que implica el desarraigo para sus formas de gobierno, autonomía y cultura, y las consecuencias que esta fragmentación y dispersión socio cultural representa para la sociedad colombiana.

 

En el medio de todos estos problemas hay muchas comunidades afrocolombianas que han podido resistir la violencia y quedar en sus territorios – a pesar de que no reciban ningún apoyo del Estado. También hay numerosos organizaciones, líderes y individuos afrocolombianos desplazados que están luchando de manera valiente y implacable, aún que muchos no han recibida protección adecuada del Estado. Esta semana debemos celebrar su valor y todos nosotros – tantos colombianos como internacionales – debemos abrir nuestros ojos a la crisis enfrentando esta población y ofrecer todo nuestro esfuerzo para luchar para la protección de los derechos humanos de esta población.