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Por: Luis I. Sandoval
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El foro rural que
acordaron Gobierno y Farc en la Mesa de La Habana merece pleno apoyo para que
sea un paso adelante en el camino de la paz.
Toda Colombia tiene
que actuar a sabiendas de que vivimos una oportunidad única, como Enrique
Santos lo ha señalado: “hacemos la paz o estamos condenados a otros cien años
de soledad y violencia”.
Pero hay que
distinguir: el acuerdo para la terminación del conflicto les corresponde al
Gobierno y los grupos armados; las definiciones para la construcción de paz son
de la sociedad, esto es, de los actores políticos (partidos y movimientos).
Para terminar el conflicto la sociedad apoya, acompaña, avala y refrenda. Para
construir la paz, la sociedad es el espacio central porque ello se hace con el
despliegue de la iniciativa política, su actividad propia y vital. A lo primero
Johan Galtung lo llama peace making (hacer la paz); a lo segundo, peace
building (construir la paz) y luego habrá también un peace keeping (sostener la
paz).
La agenda convenida
para esta segunda fase del proceso en La Habana no contiene sólo aspectos
procedimentales, sino que prevé algunos temas sustantivos, como el de tierras.
Sobre tales aspectos sustantivos de carácter social, económico o político es
válido que la sociedad intervenga ahora y se prepare para intervenir, con mayor
fuerza aún, en la tercera fase, a partir de la firma de los acuerdos de
terminación del conflicto. Entonces, será el nuevo tiempo, la nueva política,
será el país sin confrontación mas no sin conflicto, el tiempo en que la
sociedad despliega todas sus potencialidades para construir inclusión y
democracia. Lo que ahora hagamos será como poner semillas que darán frutos. Por
eso el foro de campo y ciudad sobre lo rural, el diálogo intrasocietal sobre
tierras (suelo y subsuelo), el diálogo entre campesinos y Gobierno sobre
desarrollo rural son diálogos que salen al encuentro de los diálogos de La
Habana.
Comunidades
campesinas, indígenas y afrodescendientes, tierras, territorio, bienes públicos
vitales para los habitantes de la ciudad y del campo, como bosques,
biodiversidad, alimentos, agua, recursos naturales no renovables de importancia
estratégica (petróleo, oro, níquel, carbón, coltán, entre otros), están en
juego cuando del campo se trata. La Colombia rural está 14 veces atrás en
materia de desarrollo en relación con la urbana. Si el país es de los primeros
en los índices de desigualdad, esa desigualdad está asentada sobre todo en el
campo.
El problema
prioritario de Colombia está en el campo. En el campo están los cultivos de uso
ilícito y tuvo origen el conflicto armado, en el sur del Tolima nacieron las
Farc como autodefensas campesinas frente al despojo de hacendados ambiciosos.
No es un secreto ni un despropósito que el primer tema de los diálogos sea la
tierra y su gente. Pero quien tiene que tomar el toro por los cuernos es la
sociedad, porque en la suerte del campo está la suerte de las ciudades, la
economía, la política. El campo tiene que ver con todo.
Viene el foro del 17
al 19 de diciembre que organizarán la Universidad Nacional y el PNUD. Hay
propuestas de reforma rural de Gobierno, indígenas y afros, empresarios
rurales, insurgentes, reformismo de arriba y abajo. ¿Habrá acuerdo entre esas
disímiles propuestas? ¿Se asumirá que economía y ciudadanía son globales?
* Luis I. Sandoval M.
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