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Por: Luis I. Sandoval M
El congreso de un partido es una oportunidad para recapitular el pasado,
analizar el presente y proyectar el futuro. Rara vez estos elementos están
mezclados acertadamente.
No parece que el PDA
esté dispuesto a saldar cuentas con su pasado. Eso dificulta acertar ahora y
hacia adelante.
El Polo llega a su III
Congreso con enormes y difíciles interrogantes sin responder: ¿Por qué pasó lo
que pasó durante el gobierno de Samuel Moreno en Bogotá 2008-2011? ¿Por qué el
partido obtiene cada vez menos votos en elecciones internas o generales? ¿Por
qué en la opinión ya no es polo de atracción? ¿Por qué el Polo reduce su
pluralidad y sus alianzas?
Para explicarlo todo
se apela a las maniobras, agresiones y estigmatizaciones de la derecha que no
quiere dejar existir una eficaz oposición política de izquierda. Siendo real el
contexto adverso – asesinatos, amenazas, chuzadas, campañas de desprestigio,
negación de garantías, medios estrechos – la dirección del partido exagera
estos factores exógenos para eludir su responsabilidad sobre los factores
endógenos que concurren a la crisis partidaria.
No es un pequeño
impasse lo ocurrido con el Polo, es la frustración del proyecto más promisorio
de las izquierdas y expresiones democráticas alternativas en varias décadas. El
social-clientelismo se apoderó del partido y desarrolló todos los vicios que se
advierten en los partidos colombianos: desapego programático, intento de
reproducirse en el poder mediante el sistema de toma y daca (contratación
viciada), formación de una coalición dominante al interior que pretermite los
procedimientos democráticos, discurso orientado a crear una falsa conciencia,
divorcio de las bases, imposición, sectarismo y exclusión.
El entendimiento
protervo establecido en casa de la familia Moreno Rojas, un día de enero de
2008, marcó la interrupción de la línea ascendente del partido y determinó su
descenso irremediable. Este acuerdo no fue para buscarle caminos al proyecto
político sino para fraguar el acomodo en una administración que tenía,
advertido oportunamente, el riesgo de derivar en malas prácticas.
El criterio de que
ningún grupo, movimiento o partido, se disolvía derivó en la aberrante
situación de que los proyectos particulares eran prioritarios frente al
proyecto común, las partes más importantes que el todo. El Polo exhibe durante
sus siete años una institucionalidad partidaria débil frente a los
particularismos de grupos y personas. El Polo no gobierna a sus integrantes, ni
orienta y transforma sus prácticas, ni gobierna donde gana el gobierno.
En meses recientes el
Polo, su dirección, malentiende el giro del país hacia la paz, el surgimiento
de movimientos como Marcha Patriótica y Congreso de los Pueblos, el auge amplio
y nuevo alcance político de la movilización social. En lugar de jugar como un
articulador de su pluralidad interna, de las resistencias populares y de las
manifestaciones del nuevo sujeto plural, entorpece la unión y genera
distanciamientos en el campo alternativo.
Se defiende el aparato
y no el proyecto político. Lo demostró la actitud frente a la Conferencia
Ideológica (julio): se quiso desmontarla, cuando ello no fue posible se trató
de manipularla y luego desconocerla. A su postura crítica y su proyección hacia
el Congreso se respondió con la expulsión de integrantes del Partido Comunista
y de la Marcha Patriótica. El III Congreso se avecina como un paso sin
rectificaciones para tratar de lograr lo que hasta ahora no han logrado:
consolidar la impostura. La coalición dominante tiene el aparato, y
posiblemente lo conserve, pero no tiene legitimidad ni credibilidad, es un
triunfo sin victoria.
Por algo un joven estudioso titula un brillante ensayo sobre
el Polo así: “Enemigos Íntimos, del faccionalismo creativo al faccionalismo
degenerativo”. (García Rendón,Quito, 2012). lucho_sando(a)yahoo.es
Publicado en El Espectador
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