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Por: Luis Sandoval - Coordinador del proyecto ISCOD
Gobierno Santos e insurgencia Farc-Ep acertadamente han
decidido entablar diálogos para terminar el conflicto interno armado; una paz
no parcelada requiere que también el ELN se vincule lo más pronto posible a
este proceso.
Un amplio movimiento societal de paz presionó durante
décadas la salida política, una nueva constitución fue promulgada, quizá sin
acuerdos, mandatos, marchas e imaginarios antecedentes no se hubiera llegado al
momento actual.
La paz primero se pacta y luego se construye en tiempo
político o tiempo histórico mediante las capacidades y opciones de la política
que es el espacio vital propio de la sociedad.
Al momento de pactar la paz (peace making) la sociedad
apoya, incide, vigila y apuntala la mesa de diálogo ante los decaimientos de
las partes, procurando un ambiente favorable al proceso para que culmine con
éxito.
Insurgentes, gobierno y sociedad aspiramos a un país sin
guerra mediante una paz justa, sin rendiciones, sin vencedores ni vencidos,
plenamente conscientes de que la paz posible es la paz imperfecta pero
perfectible.
Llegado el momento de iniciar la construcción de la paz
(peace building) la sociedad despliega, a través de quienes llegan a la
política y de quienes ya estaban en ella, toda su creatividad para generar un
nuevo comienzo.
Nuevo comienzo significa asumir la realización de un
proyecto de país, sociedad y Estado, plenamente incluyente, con garantías para
la expresión y participación de todos y todas en la vida política y en la
riqueza social, a fin de que nunca más haya enfrentamiento armado aduciendo
viejas o nuevas razones.
El recurso al diálogo y al acuerdo no es una prerrogativa
exclusiva y transitoria de actores armados para superar el enfrentamiento,
diálogo-acuerdo es un recurso permanente de la sociedad para autoconstruirse.
No basta el diálogo gobierno-insurgencia, se necesita el
diálogo intrasocietal y el diálogo entre la institucionalidad y la sociedad
movilizada por cuanto termina el enfrentamiento armado pero no el conflicto
social, este se desenvuelve y resuelve ahora por amplios cauces democráticos,
solo así es sostenible la paz (peace keeping).
El nuevo comienzo no es ruptura pero sí cambio real en
cuanto la sociedad, sus fuerzas políticas, existentes y emergentes, pactan un
marco institucional y emprenden la competencia por la construcción de
democracia en profundidad, produciendo un encuentro inédito entre Estado y
sociedad.
La paz significa que el país entero decide recorrer el
camino de una transición: la transición del inaceptable contexto de “orden y
violencia” que ha predominado durante décadas al deseable contexto de un “orden
democrático sin violencia” que despunta.
Transición es la primera parte de la nueva fase histórica en
la vida del país: debe ser pensada, acordada y desarrollada como el
encaminamiento hacia el sueño compartido de país incluyente, con democracia,
equidad, soberanía y dignidad reales.
El papel de la sociedad, civil y política, en sus ámbitos y
roles propios, es dar a luz la nueva visión de construcción democrática y
desatar el proceso político para hacerla realidad.
Un naciente bloque político, muy amplio, plural,
policlasista, de partidos y movimientos, habrá de echarse sobre los hombros la
tarea de ejercer mediación estructural entre el establecimiento y los
insurgentes que vienen a la vida civil a fin de hacer viable la necesaria
transición; nuevos movimientos y partidos surgirán, nuevas alianzas y
combinaciones políticas, inéditas y sorprendentes, se darán; renacerá la
política.
Puesto que la crisis colombiana no se reduce al
enfrentamiento armado, la superación de la misma está más allá del acuerdo de
paz, por eso se hace imperativo que desde la sociedad, civil y política, surja
un proyecto integral de paz y país.
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