Lunes 08 de Febrero de 2010
Paramilitares generan desplazamientos en Bajo Atrato chocoano

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Cuatro familias desplazadas, varios episodios de retención de civiles y reclutamiento de  desmovilizados son los hechos que revelan la reaparición de grupos paramilitares en el Bajo Atrato chocoano.

Al medio día del 24 de marzo tres familias afrodecendientes llegaron a la zona humanitaria Nueva Vida, en la región del Bajo Atrato chocoano. Las cerca de 15 personas salieron huyendo desde la vecina  zona de biodiversidad de La Virginia, donde desde la madrugara comenzaron fuertes combates acompañados de bombardeos que se escucharon por toda la región.

  

Minutos más tarde apareció en la zona  otra familia, esta indígena, que huyó también  por los combates desde la comunidad de Bequerá, sobre el río Perancho. El helicóptero bombardero se retiró del Territorio Colectivo hacia la 1:03 p.m. Horas más tarde los pobladores pudieron averiguar  que los enfrentamientos  se produjeron  entre paramilitares, Ejército y  unidades de la guerrilla de las FARC, cuya presencia no tienen antecedente alguno dentro de ese  Territorio Colectivo.

  

Este episodio sirvió como respuesta de lo que desde diciembre  pasado la comunidad venía confirmando con terror, el regreso de los paramilitares. Organizaciones humanitarias como la Corporación   Interecleciástica Justicia y Paz,  presente en la región aseguran que dos nuevos grupos, que se enfrentan entre ellos y con las FARC  por el control de rutas de narcotráfico en la región del Alto Atrato en límites entre los departamentos de Chocó y Antioquia,  están ejerciendo control  armado en la zona por medio de retenes en ríos  y carreteras, controlando la entrada y salida de alimentos y reclutando jóvenes de la región y desmovilizados.

Justicia y Paz ha documentado varios episodios. El más reciente  ocurrió  el pasado 26 de marzo cuando los dueños lanchas que transportan mercancía por le río Atrato desde el municipio de Turbo les anunciaron a varios pobladores de ese municipio que por orden de Las Águilas Negras tenían prohibido transportar alimentos y que el grupo se aseguraría del cumplimiento de esta orden realizando verificaciones en los caseríos de Unguía y Turmaradó.   

Este grupo paramilitar al mando de Daniel Rendón, alias ‘Don Mario’ comenzó a hacerse visible en la región desde el pasado 31 de diciembre cuando, según relatan los pobladores, varios hombres vestidos de civil aparecieron  sobre La Loma del río Cacarica, luego se desplazaron por el río Cirilo en donde abordaron a algunos pobladores preguntando por la situación del territorio.

  

Ya en el perímetro urbano de Riosucio, un paramilitar apodado “Alberto” inició el  reclutamiento de  desmovilizados con lista en mano  pasando casa por casa.  Según los pobladores  hasta el  momento han  reclutado más de 40  jóvenes entre ellos varios desmovilizados que incluso comentaron  que podrían cobrar doble, refiriéndose al pago por participar en el proceso de reinserción y por el pago de las “Águilas Negras” que oscila entre los 700 mil pesos y un millón de pesos.

  

Otros episodios de amenazas y control sobre la navegación han ocurrido en los últimos meses. El 15 de enero paramilitares de las “Águilas Negras” se instalaron con armas y uniformes cerca del caserío de Tumaradó, entre  Turbo y  Riosucio, allí retuvieron embarcaciones y anunciaron que se encontraban en una disputa con “Los Renacientes”.

  

Desde ese mes y hasta ahora la movilidad de los paramilitares  en botes de alta velocidad y con armas largas es visible. Existen retenes  temporales en  los sitios La Punta, La Honda y en la Larga del río  Cacarica. En esos trayectos también han retenido embarcaciones e interrogado a pasajeros y tripulantes  por el destino y la carga que llevan. Un lugar de control y retención permanente ha sido el caserío de Tumaradó sobre el río Atrato.

 

Otro punto álgido en el que las Águilas Negras han montado un retén permanente es el de ingreso al parque Nacional natural Los Katios. Allí retuvieron el 7 de marzo varias lanchas de indígenas y les prohibieron el ingreso con amenazas de muerte. Según testimonios de algunos habitantes esto sucede porque es en Los Katios donde funcionan los cristalizaderos  y laboratorios para el procesamiento de coca de ese  grupo paramilitar.